A ser feliz se aprende... se imita, se copia, se transmite. Por eso apuesto a trabajar con estos papás, que si bien no han vivido en algunos casos una vida afectiva positiva, sí están abiertos a cambiar... a aprender de lo pasado, y transmitir amor y felicidad. Y eso tiene una receta que es SENTIR que podemos amar, que podemos y que somos felices... no sólo desde el discurso, sino más bien sentido y vivido desde la interna de cada uno.
Un día escuché cómo un psicólogo experto en resiliencia, decía que para saber cómo estaba el niño o la niña luego de algún episodio traumático, no necesitaban verlo directamente, sino que con ver a la madre ya sabían cómo estaba ese niño.
El vínculo madre hijo es muy estrecho y las emociones se mezclan cuanto más pequeños son.
En algunos casos los progenitores, por distintas causas,
no están habilitados (ya sea afectivamente o por alguna incapacidad) para brindar estos "buenos tratos". Aquí es de
gran importancia el entorno y la escuela. Muchas veces es la misma escuela, quien nos deriva a estos niños... pienso que si bien la derivación es acertada, lo mejor es
formar a estas maestras o maestros, para
apoyar a los niños en las diferentes situaciones que tienen que atravesar, y ya desde niños, volverse resilientes y volvernos nosotros mismos.
Resiliencia significa crecer a partir de la adversidad. Es decir que de alguna manera, siempre que se atraviesa un conflicto o problema, es probable que éste deje una cicatriz y sin lugar a dudas, una transformación. Quien lo vive, sale transformado de dicha situación y con una gran sabiduría.
Son las
maestras en la clase, quienes tienen el deber de colaborar en la educación y en el crecimiento personal de estos chicos; ya que son ellas/os quienes
están con nuestros hijos la mayor parte del tiempo.
También las
escuelas tendrían que ser quienes den
apoyo a las familias, para que pueden cubrir las necesidades afectivas de estos niños; ya sea a través de materiales educativos, charlas y más.
La idea es un trabajo conjunto, donde todos puedan recibir asesoramiento, que va desde los padres hasta la escuela y los niños... de esta forma, se genera un beneficio social. Y es que estos niños, enriquecidos por los "buenos tratos", podrán ser padres más afectivos y preparados.
Creo que está en nuestras manos el futuro, nuestro futuro y de alguna manera al menos en los primeros años, el de nuestros hijos.
Más allá de las experiencias traumáticas de cada uno,
podemos cambiar y elegir cómo seguir adelante. Creo que hacerlo de una manera que dé
apoyo a nuestros hijos
a través del afecto y que nos haga sentir felices, es algo que está al alcance de todos.
Viviana VaisenbergTerapeuta Cognitiva Comportamental
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