Inicio Contacto Suscribirse

Seguinos en:

Home / De puño y letra / Diario de Vida de un Perro

Diario de Vida de un Perro

Diario de Vida de un Perro

Estoy recién nacido... 
¡qué gran alegría haber llegado a este mundo! Uffff… todo es  tan grande... tan bello...  
 
1 mes. Mi mamá perruna me cuida mucho, alimenta, abriga y protege, me lame y limpia con su lengua... yo la quiero mucho: ¡qué suerte tengo!

2 meses. Hoy me separaron de mi mamá perruna. Ella estaba muy triste... con sus ojos húmedos y muy brillantes me dijo ¡adiós! ¿No la voy a ver más? ¿Estaba llorando? No sé qué pasa, pero tengo pena.

4 meses. Estoy con una familia nueva muy distinta... es humana, ellos me cuidan, miman, abrigan y me alimentan; juego con los niños, yo los llamo “mis hermanitos”... ellos son muy distintos a mí, a veces juegan y me tiran mi colita... a mi me duele mucho.
  
5 meses. Hoy mi mamá está furia: limpia y tira con rabia todas las cosas que toma, estoy tiritando de susto... me escondí debajo de la cama, ojalá no me pille... ¡qué falta me hace mi mamá perruna! Me “hice pipi” en la alfombra del living de la casa: no sabía que no debía hacerlo... nadie me ha enseñado donde debo hacer pipi y ¿qué voy hacer cuando me den ganas? Ufffff... ¡vaya problema que tengo! Ojalá llegué pronto mi papá... él no se enoja. 

8 meses. Soy un perro muy feliz: todos me quieren, me hacen cariño, me miman y cuando vienen las tías, ellas me toman en brazos y acurrucan... me hacen cosquillas en la "guatita" para que ría. Mi papá todos los días me saca a pasear: lo espero ansioso que llegue de su trabajo, entonces en la calle, me siento libre y en el parque corro, ladro, juego... 

12 meses. Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto... mis amos me miran preocupados: ellos dicen que crecí más de lo que imaginaban.
 
13 meses. Hoy, mi "hermanito", me quitó mi pelota... es mía, me la trajo de regalo una tía... yo le movía la cola, le ladré para que me la entregara... él se negó, entonces se la quité y sin querer lo herí... se puso a llorar... uffff… ¡tengo tanto miedo! Mi mamá me pegó con una correa y cuando llegó mi papá, me sacó al patio y me encadenó a una viga. Yo no entiendo lo que pasa... lo hice sin querer ... ¡era mi pelota! Ahora casi no puedo moverme: el sol me quema durante el día, la lluvia me moja y tengo frío.

15 meses. Ya nada es igual… vivo en el patio, amarrado... mi cuello me duele; creo que estoy herido, estoy solo... a veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando se acuerdan de mí, me tiran la comida... no siempre la puedo alcanzar. Mis “hermanitos” y sus amigos, se mofan de mí: estoy sucio... me gritan "perro cochino", "feo"... me escupen y me tiran pequeñas piedrecitas. En algunas oportunidades, me muestran el perrito nuevo que trajeron: es chiquito... igual como era yo, cuando llegue a esta casa; él sabe que soy su hermano mayor... cuando me ve, mueve su colita. ¡Cómo quisiera enseñarle para que no le ocurra lo que estoy pasando yo!

16 meses. Hoy  todo es distinto, maravilloso... me soltaron... me dieron de comer algo muy  rico... doy saltos de  alegría: creo que me perdonaron... me van a llevar con ellos de paseo. Llegamos a un lugar maravilloso... ¡que lindo todo! Es la playa de DICHATO (ver debajo): hay muchos perritos igual o parecidos a mí... algunos se acercan al auto y ladran... otros  mueven su colita, ¿me estarán saludando?
                                                         
Mis amos están callados. Por fin abrieron la puerta: yo me bajo feliz... saltando; los demás se me acercaron a olerme. Pero…. ¡ohh! ¿Qué pasa? No entiendo entiendo nada: cerraron la puerta de inmediato y partieron... “¡Oigan! ¡Esperen!” Y ladro… ladro... "¡Ey! ¡Ey! ¡No se olviden  de mí!" Corro detrás del auto... mi angustia crece al sentir que se me acaban las fuerzas... ¡estoy  tan agotado! Ellos siguen, no se detienen... ya los perdí de vista. Entonces, entiendo simplemente me  han abandonado... tengo mucha pena, miedo y… estoy llorando.

17 meses. Ladro y corro detrás de todos los autos que pasan, para que paren y me recojan. Tengo hambre, sed y frío... duermo en cualquier lugar... donde sea... algunas personas al  pasar y verme, me tiran pan... otras me dicen: "¡sal de aquí, perro!", "¡perro cochino!"... ayyyy…

¡Cómo quisiera que me adoptaran! Yo sería muy fiel y obediente... cuidaría a mis amos, cuidaría también la casa cuando ellos no estén y cuando ellos vuelvan, después de un agobiante día de trabajo, los saldría a recibir saltando, moviendo mi colita con alegría y amor.   
                  
18 meses. Ayer pasó un señor que llevaba una bolsa grande. Uffff… ¡qué rico olor! Me duele mi "guatita" de tanta hambre. Lo empecé a seguir... él me gritó: "¡Ándate perro o te pego!" - pero yo tenía hambre y el olor era exquisito... lo volví a seguir, entonces se dió vuelta, tomó una piedra y me la lanzó... me dió en el ojo... ¡ay!… ¡qué dolor! Estoy sangrando: ya no veo con él. Perdí mi ojo.                                                                                          
19 meses. Estoy muy flaco, me siento enfermo y sin fuerzas... debo tener cuidado dónde me echo a dormir: algunas veces me han lanzado agua y sacado a escobazos.
 
20 meses. Casi no puedo moverme: me cuesta caminar. Hoy al cruzar la calle, un auto me arrolló… ¡qué dolor!... pero no importa, a lo mejor se detiene y me adopta... pero no: no se detuvo... ¡¡¡siguió de largo!!! Ojalá me hubiera matado... con mucha dificultad, me arrastré hacia un lugar seguro.

Tengo diez días sin comer... bajo el sol, la lluvia y el frío. Ya no puedo moverme. Me siento muy mal: algunas personas que pasan y me ven, dicen: “pobrecito”,  “nadie ayuda a estos animalitos” y siguen su camino.
      
Estoy casi inconsciente... de repente, siento que una mano que con mucho cuidado y dulzura me toca y acaricia... dice: “pobre perrito... ¿qué puedo hacer por ti?" Tenía agua en su mano y yo la lamí. Junto a ella, un señor empezó a tocarme y le dice: “lo siento señora, este perro ya no tiene remedio... es mejor que deje de sufrir”... la señora estaba llorando... le pidió un minuto... me acariciaba y me dijo: "perrito lindo: vas a dejar de sufrir y te vas a ir a un mundo mejor"... hizo una oración, le pidió perdón a Dios y le dijo al señor: "¡YA!"   

Como pude, moví mi cola y la miré…. ella seguía llorando... le agradecí que me ayudara a descansar. Solo sentí el pinchazo de la inyección y… me dormí.

Es la historia de un ÁNGEL con colita, peludo y pulgoso, que llegó a DICHATO para formar parte de los perritos en situación de calle.    

(Dichato es un pueblo costero ubicado en la comuna de Tomé en la Región del Biobío, Chile. El pueblo tiene  3488 habitantes y está ubicado a 37 kilómetros al norte de la ciudad de Concepción).        
                           

Reflexiones

De todos y cada uno de nosotros depende el mejorar la calidad de vida de estos animales que viven en situación de calle. Seamos sensibles y bondadosos: siempre vamos a recibir más de lo que damos. 

Algunas personas se preguntan "¿qué voy a obtener a cambio?" En realidad no recibirá nada de inmediato... no va se va a hacer ni más rico, ni más famoso, ni más lindo, ni más feo... pero sí lo que se recibe de inmediato es algo intangible... no lo podemos ver, tocar, ni oler... son gratas y dulces sensaciones positivas de felicidad, paz y alegría, las que se reciben de inmediato. Estas emociones logran dar vida, salud, alegría, sensibilidad y felicidad... y no se venden en ninguna parte: NI SIQUIERA con todo el dinero del mundo se PUEDEN COMPRAR.

Si se cruzan en nuestro camino, ellos no saben que nos estorban... no es necesario que los pateemos, simplemente ignorémoslos. Nadie se cruza por azar en nuestra vida. 
  
Si nos siguen, es porque tienen hambre... si nada usted puede o no quiere dar: ¡ignórelos! No los rete, no les  pegue. Use sus atributos de paciencia, tolerancia y por sobre todo, de comprensión. Y nos ha ocurrido muchas veces: no hemos escuchado SU VOZ.

Va USTED caminando por la calle... llueve, hace mucho frío, cuando ve unos perritos vagos en el suelo, acurrucados, tiritando, empapados y que de inmediato alzan su cabeza y la miran: le da mucha pena, siente un fuerte dolor en el pecho: ¿angustia? ¿impotencia? Indignada mira al cielo y  pregunta a DIOS: "SEÑOR, ¿cómo es posible que estos animales pasen por este sufrimiento y no hagas nada por ellos?" A lo que DIOS respondió: "Te equivocas... estoy haciendo algo por ellos: te puse a ti en el camino, para que los ayudes."
                                 

Ma. Angélica Lacazette O. 

Autora

Agregar un comentario