Hay dos tipos de stress: uno que es normal y necesario en nuestra vida y otro patológico o enfermizo.
No podemos evitar el stress normal, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos, cualquier toma de decisiones, representa algún grado de stress. Pero podemos aprender a minimizarlo.En este stress normal, lo más importante es que el mismo disminuye una vez que pasó la experiencia estresante, pudiendo la persona regresar rápidamente al estado de equilibrio sin daño orgánico ni emocional.
En el stress patológico por el contrario implica un periodo de tiempo más largo en el que la persona no puede volver al estado de equilibrio, pudiendo prolongarse en ese estado desde semanas, hasta meses o años, pudiendo producirse además dolores de cabeza o de espalda, insomnio, bruxismo, hipertensión, dolor al corazón, asma, úlceras, cardiopatías, disminución del deseo sexual, impotencia o disfunción eréctil, eyaculación precoz, etc.
Entre los efectos sicológicos más comunes se encuentran: la depresión, la ansiedad, el agotamiento, la pérdida de la autoestima, la apatía y disminuye la motivación entre otras.
En conclusión, un mínimo de stress es normal tenerlo, la cuestión radica cuando comienzan a comprometerse las funciones adecuadas de nuestro organismo. Hay que estar alerta ante la mínima percepción y estar preparados. Porque como en otras situaciones de la vida, mas vale prevenir, que curar…
Gabriela Michoelsson (Sicóloga-Sexóloga)
gamich@multi.com.uy094.21.28.21
www.saberdesexo.com