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Estrategias para controlar el enojo y la agresividad

Estrategias para controlar el enojo y la agresividad

Cuando llegan a consulta pacientes con esta problemática y con intención de corregirla, se percibe que es un tema que hace sufrir a la persona que la padece y también, a su entorno. El hecho de estar enfadado no es justificación para ser agresivo.

Controlar el enojo y la agresividad, no es un problema conductual sencillo de corregir sólo con la voluntad de hacerlo, si no se sabe cómo.

En general, vemos en estas personas una muy baja tolerancia a la frustración, que los lleva a cometer errores de pensamiento, generándose emociones de enojo e ira, que luego les resultan muy difíciles de controlar. En vez de controlar la situación desde antes, la persona trata de controlar su conducta, que es la parte más difícil, una vez que se llega a la instancia de estar enfadado. Trabajar y corregir en terapia estos errores de pensamiento, ayuda mucho en el control de la conducta agresiva.

Basándome en autores como A. Beck y A. Ellis, que estudiaron las creencias irracionales más frecuentes en las personas con diferentes patologías y las sistematizaron (sumado a la experiencia clínica que he tenido con personas con esta problemática), voy a tratar de trasmitirles los errores de pensamiento más comunes, que cometen los individuos con conductas agresivas y una idea acerca de cómo corregirlos.

Algunos de los errores más frecuentes

A) Pensar que “las cosas tienen que ser como yo quiero”. El individuo se enoja al cometer este error de pensamiento y agrede cuando las cosas no se le dan como quiere. Le cuesta aceptar que sus deseos se vean frustrados.

No es la situación la que produce el enojo, sino la forma en cómo es interpretada; por tanto, puede elegir corregir dicha interpretación de forma más conveniente y productiva, y decirse por ejemplo: “las cosas son como son, coincidan o no con lo que yo quiero y muchas veces no voy a poder cambiarlas... por tanto, tengo que aceptarlas. Enojándome no voy a conseguir acercarme a mis objetivos: sólo consigo sentirme mal y pelearme con los demás, y las cosas seguirán igual".

B) Los demás deben comportarse como él/ella quiere o considera que deberían hacerlo.
El pensar así, hace que la persona se enoje cuando los demás no responden a sus expectativas. Piensa que si los agrede, entrarán en razón o se rectificarán y harán lo que el agresor desea... y que merecen por esto, un castigo.

En este caso la forma de corregir este pensamiento, es decirse que cada persona está convencida que su forma de actuar es la mejor, así como él/ella lo está de la suya y que el pensar distinto o diferente, no lo hace merecedor de castigo.

Si agredimos al otro, menos estará dispuesto a complacernos... ni siquiera parcialmente. Es mejor calmarse y hablar de forma asertiva, para tratar de acercarse, si es posible, a nuestros objetivos.

C) Creer que las cosas tienen que ser fáciles. Esto hace que el individuo se altere ante cualquier complicación. Hay que pensar que es normal el hecho de que surjan problemas. Siempre que se hace algo, existe la posibilidad de que salga bien, regular o mal. Y que hay que tratar de tomarlo con tranquilidad, manejando esas posibilidades y reintentar cuando algo no salió como queríamos... así, es probable que la siguiente vez, salga mejor.

D) También está la creencia errónea, de que las cosas tienen que darse inmediatamente. Esto hace que ante cualquier demora, la persona se moleste y agreda. El individuo cree que es una señal de incompetencia y que por tanto, el otro debe ser agredido. En estos casos hay que pensar que las cosas tienen su tiempo y no van a acelerarse porque me enoje. La demora no siempre se debe a incompetencia y, aún así, no va a cambiar porque nos enojemos.

E) Otra creencia que lleva a estas conductas agresivas, es pensar que toda crítica debe ser respondida y desacreditada. La persona no deja pasar ningún comentario que signifique un juicio hacia su persona y se molesta e intenta demostrar, a quien le hace la crítica, que está equivocado y debe corregir su error. Si no lo logra, su enojo se acentúa e intensifica su agresividad. 

En este caso debemos ser conscientes de usar nuestros derechos asertivos y saber que nosotros, somos nuestros únicos jueces; por tanto los demás, no tienen derecho a juzgarnos. No debemos demostrarles nada. Si nos ponemos a darles explicaciones, implica aceptar que tienen ese derecho, pero que están en un error del que pretendemos sacarlos. Cada persona sabe cómo actúa y por qué lo hace.

Los demás podrán sacar conjeturas o hacer juicios por cuenta de ellos, pero nunca podrán saber nuestras razones, ni ponerse exactamente en nuestro lugar. No debemos darle importancia a los comentarios o críticas: cada persona sabe sobre las razones de su conducta y es su propio juez.

También es frecuente el error de responder una agresión con otra. Esto lleva a que la persona se considere autorizada a agredir, si es objeto de agresión, y además, responsabilizar al otro por su agresividad. En el único caso en que uno debe responder así, es como defensa cuando está en riesgo nuestra integridad física. No hay que responder de esta forma porque, si la agresión es una conducta indeseable y yo hago lo mismo, estoy cometiendo el mismo error que la otra persona y empeorando más las cosas. Es preferible hacerle saber al otro, de forma adecuada, que te molesta su conducta.

Además de las expuestas anteriormente, existen varias otras ideas irracionales que generan conductas agresivas y el poder corregirlas, hace que la persona pueda evitar sentirse violenta.

Diferentes instancias de control

Siempre hablamos en el consultorio, que lo mejor es evitar las situaciones que nos llevan a sentirnos violentos; por ejemplo: evitar a la persona que nos la genera o evitar una situación que tiene ese efecto sobre nosotros.

Si estamos en una discusión que va subiendo el tono, podemos poner fin y no continuar hasta llegar a sentirnos enfadados. Siempre podemos poner punto final a lo que nos pone agresivos.

Cuando no nos es posible evitar las situaciones, podemos controlar los pensamientos. El cambiar y dar un giro a nuestra forma de ver la situación, hace que podamos tomarnos con más calma cualquier evento.

Y por último, si fallamos en evitar la situación y en corregir los pensamientos, tenemos siempre como opción, el controlar la conducta: esto es evitar la agresión propiamente dicha. Claro que, son preferibles las instancias anteriores, porque cuando llegamos a estar enfadados, el controlar la conducta nos genera bastante estrés. 

El corregir esta problemática de conducta, ayuda al individuo a tener una convivencia más armoniosa con quienes lo rodean... a sentirse más seguro de sí mismo y de su conducta, y a no tener que padecer los innumerables inconvenientes que acarrea la conducta agresiva, para él y para los demás. 


Ps. Silvia Cardozo

e-mail: ensil@adinet.com.uy

Comentarios (2)

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Comuna Mujer 30-04-2014

Gracias Italia, por tener la confianza de contarnos tu experiencia. Esperamos que pronto se arregle la situación y puedas vivir con tranquilidad. Te mandamos un beso muy grande y fuerza!!!

Italia Orellana Ortúzar 30-04-2014

He vivido la agresividad y violencia, por parte de una hija que es Psicóloga y tiene 28 años, lo cual me provoca mucha pena, y deseos de que pronto arregle su vida en forma independiente y me deje vivir en armonía y paz.

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