Inicio Contacto Suscribirse

Seguinos en:

Home / De puño y letra / Idiosincrasia - Microcuento

Idiosincrasia - Microcuento

Idiosincrasia - Microcuento
El gaucho, sentado al frente de la tapera, tomaba mate amargo, porque dulce era de mujeres. Le flanqueaban dos perros atentos y vigilantes: uno cimarrón de manto atigrado y un border collie, blanco y negro. 

Las gallinas picoteaban lo poco que encontraban en la tierra del patio. De tanto en tanto, alguna sobrevolaba los tacos de reina.

El campo tenía un verdor deslumbrante y es que había llovido mucho ese año. A las vacas no les faltaba comida, pero el gaucho y los perros estaban cada vez más flacos.

Dos meses atrás, la doña se había marchado al pueblo, cansada de tanto desprecio y mal trato. Ella que siempre encontraba solución para que no faltara un plato de comida, lo había abandonado. 

Él aún no creía que su huida fuera definitiva, por eso esperaba en silencio de cara al camino.

Un día llegó un vendedor ambulante ofreciendo mercaderías en permuta. Él deslumbró ante la suerte, la doña no se había llevado nada.

El hombre de mucha labia, aceptó canjear con el gaucho y entró en el rancho adueñándose de la cocina para hacer un buen locro.

Él estaba radiante, más que suerte encontrar una persona así, un amigo. Almorzaron y después del lavado de útiles, se echaron a dormir una siesta.

Él soñaba, veía a la doña volviendo con la canasta desbordante de hortalizas y frutas, y hasta veía una pata de cordero saliéndose.

Mientras el gaucho soñaba, el amigo aprovechaba para guardar en sus bolsos cuanto objeto hallaba en la casucha, que no por ser pobre le faltaban cosas de calidad, todas de la doña, claro está.

Al despertar no solo la casa había sido vaciada... los perros habían desaparecido y las batarazas brillaban por la ausencia, los tres conejos y un chancho tampoco aparecieron; pero lo que más lamentaba era la falta de la vaquillona, que llevaba el mismo nombre que la doña y a la cual llamaba todas las mañanas. El lamento y la desdicha de él fue darse cuenta de que de allí en adelante, ya no podría más imaginar que era a ella a quien estaba llamando. 


Lylián Rodríguez
@ Derechos reservados

Debajo, más cuentos de la autora.

Contenido relacionado

De puño y letra

Se oyen cánticos

A través de este cuento, viajamos hacia Angola, África y participamos de la inmensa alegría que produce la llegada del agua potable. Un cuento que sensibiliza acerca de las diferencias de realidades que viven las personas del mundo.

De puño y letra

Si Dios quiere (microcuento)

La lectura del cuento te transporta a una situación que al principio, podrás ver como lejana, pero poco a poco irás reconociendo la vulnerabilidad de la situación en la que se encuentra el personaje del mismo. Al final, un sabor dulce.

De puño y letra

Thula Thula (microcuento)

Dos grupos llegaron por distintos senderos. Se unieron en una sola y larga fila. Siguieron lenta y pacientemente hasta llegar a su casa en Thula Thula. En ese lugar, más de uno, había pasado parte de su vida.

Comentarios (2)

Agregar un comentario

Moderador de Comuna Mujer.

Moderador -Rosina 06-12-2018

Gracias Ligia, nos da mucho gusto saber que te gustan los cuentos de Lylián. Saludos! Rosina - co-editora.

Ligia Bianchi 06-12-2018

Me encantó el libro!!! Todos los cuentos son muy lindos, muy bien escritos permiten que el lector se meta dentro de cada tema

Mostrando: 2 de 2