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Mitos frecuentes en las parejas

Mitos frecuentes en las parejas

Muchas veces escuchamos frases hechas o ideas preconcebidas sobre cómo deben manejarse las parejas para llevarse bien, y la realidad es que muchas veces no condicen con lo que es bueno para una pareja. Son mitos populares que pueden terminar perjudicando en vez de ayudar.

¿Por qué es que se dan estos mitos? Porque las personas en general, tienen grandes ilusiones “casi mágicas”, respecto a lo que consideran el amor y la pareja; sobre todo en las primeras etapas... y el transformar estas grandes ilusiones a veces en otras realidades menos mágicas, no siempre es del agrado de todos.  

Cuando éramos niños, creíamos en Papá Noel, y luego no nos gustó saber que no existe. Lo mismo en otros órdenes de la vida: a veces preferimos creer que algunos mitos pueden ser ciertos.

Autores como Arnold Lazarus, que se dedicaron a estudiar los mitos maritales más frecuentes, los sistematizaron y explicaron para entender por qué son mitos y no realidades.

El menciona veinticuatro mitos, de los cuales hoy vamos a centrarnos en los siete más frecuentes.

Primer mito: “Debes hacer feliz a tu pareja.”

Uno de los errores más desafortunados que muchos cometen, es aceptar responsabilidad sobre los sentimientos de los demás. El tema “felicidad del otro”, es una pesada carga que muchos ponen sobre sí mismos.

En realidad, la felicidad no se consigue cuando se procura directamente: la felicidad es un subproducto de otras actividades. Y cuando decimos que nuestra pareja no nos hace felices por "x" cosa, en verdad es inexacto. Nosotros mismos somos quienes debemos procurarnos esa felicidad: no sentarnos y esperar que el otro nos haga felices.

Muchas veces, estas expectativas tienen que ver con que queremos que nuestra pareja haga cosas que a nosotros nos gustan, para sentirnos bien. Y eso puede ser algo puntual, pero no podemos basar nuestra felicidad en que el otro haga siempre cosas por nosotros... nosotros mismos debemos hacerlo. Y lo mismo respecto a nuestra pareja: podemos hacer cosas puntuales por ella, pero no cargarnos sobre los hombros la tarea de que sea siempre una persona feliz.

“Los que se quieren de verdad, adivinan lo que el otro piensa y siente.”

Esta es otra creencia romántica que abunda en las parejas. El amor y la telepatía, no tienen nada que ver. Siempre hacemos una interpretación de lo que vemos en el otro, de una reacción o un gesto, una conducta... pero muchas veces podemos equivocarnos.

Muchas veces escuchamos: “yo te conozco mejor de lo que tú te conoces”... eso no es así. Nadie conoce más a otra persona que ella misma. Podrá referirse a un aspecto puntual de la otra persona, que tal vez se lo niegue a sí misma y de afuera puede verse más claro, pero nunca a la totalidad de ella... no se puede generalizar basándose en un aspecto particular. Pensar eso es un gran error. 

Esto trae que muchas veces las personas, le digan a su pareja cosas como: "si me quisieras de verdad, harías "tal cosa""... o: "si yo te importara, habrías hecho “tal otra""... cuidado con este tipo de pensamientos.

Cuando pasan estas cosas, no hay que reaccionar de esta forma, esperando que el otro adivine; sino informar directamente al otro, sobre lo que sentimos y pensamos. "Cuando haces “tal cosa” en tal situación, yo me siento de tal forma"... o... "cuando haces “tal otra”, yo pienso esto".

Esa es la única manera de no caer en tener expectativas irreales, de que el otro tiene que adivinarnos siempre y si no lo hace, es porque no nos quiere. Hay que decir lo que uno siente y piensa, y no esperar que la pareja lea la mente.

“Una relación extraconyugal, es siempre sinónimo de que un matrimonio está arruinado.”

Lazarus plantea que esto es un mito y que no siempre que un matrimonio caiga en un relación extramatrimonial, sea porque está acabado su matrimonio. Sin duda que lo aconsejable es no caer en ellas, pero no necesariamente habla de un matrimonio arruinado.

Muchas personas caen en este tipo de aventuras por diferentes razones: no todas se deben a problemas en sus matrimonios. Muchas veces son problemas del individuo que cae en ellas. Por ejemplo, un individuo puede sentirse inseguro respecto a su propio atractivo físico y destreza sexual, y decide probarse a sí mismo, que sigue siendo deseable y atractivo para otras personas. Otras veces pueden ser sinónimo de curiosidad... a veces pueden haber estado con una sola persona con la que se han casado y desean conocer otras. O en otros casos, sí puede resultar como consecuencia del hastío sexual con su pareja, que no han podido resolver.

Por eso, Lazarus plantea que no se puede afirmar que siempre absolutamente una infidelidad sea porque el matrimonio esta arruinado. Hay infidelidades que no provocan cambios en las parejas, otras que lo mantienen y otras, que los destruyen. Por lo tanto, no se puede establecer una regla general para todos los casos.

“Tener un hijo, mejora un mal matrimonio.”

Los niños tienden a consolidar y enriquecer un buen matrimonio. En un mal matrimonio, esta carga adicional solo sirve para empeorar las cosas.

La mayoría de la gente, admitirá que no es fácil ser buenos padres: las responsabilidades de una buena crianza, son enormes. Si a los problemas que ya tiene una pareja, se le suman tensiones extra, no van a llegar a buen puerto.

El momento de decidir tener un hijo, es cuando el matrimonio está firme... no cuando tambalea.

“Una buena pareja requiere total confianza.”

Todo lo que se lleva al extremo, tenderá a consecuencias desfavorables. Confiar demasiado, puede resultar contraproducente. Cierto matiz de inseguridad, puede resultar bueno; porque a veces, la excesiva seguridad hace que las parejas caigan en un descuido respecto al otro... hasta en una sutil falta de respeto. Es más realista pensar que nuestra pareja es un ser humano fiel, pero falible y que puede sucumbir a una tentación bajo ciertas circunstancias. 

Lazarus plantea que cierto matiz de inseguridad, mantiene un matrimonio viable, interesante... hasta excitante. Nos previene de dar cosas por sentado y volvernos descuidados, brindar más atención de la necesaria al trabajo o mostrarnos irrespetuosos. Más aún, estimula y mantiene un nivel de amor que invita a preservar el matrimonio.

“Marido y mujer deben hacer todo juntos.”

El mito de la unión total, es uno de los más comunes. Probablemente venga de esa idea de que la unión matrimonial consta de dos individuos separados, que se fusionan en una entidad única... como las dos partes de una media naranja. Dejan así de funcionar como individuos, interactuando solo como pareja; lo que lleva a la larga, a una sofocación emocional.

Las parejas que mejor funcionan, son aquellas que además de sus actividades compartidas, tienen también su crecimiento individual y la esencial privacidad.

Es una pena cuando las parejas no pueden superar esta idea de que tienen que funcionar siempre juntos, porque terminan esclavizándose y una de las partes generalmente, sufre ese sofoco y la otra, la inseguridad.

“Debes transformar a tu pareja en alguien mejor.”

Las cosas que andan mal antes del matrimonio, no es probable que luego mejoren. Los matrimonios basados en las fantasías salvadoras del otro, son siempre complicados. Cuando un matrimonio se basa en esta premisa, es muy probable que fracase.

Querer cambiar al otro, no es tarea del cónyuge: las personas se aceptan como son o pueden tener por supuesto, ciertas negociaciones que acerquen algunas diferencias... ajustes menores; pero no pretender cambiar esencialmente a la otra persona. Si pretendemos eso, entonces no nos hemos enamorado de quien es nuestra pareja, sino de quien queremos que sea... y eso es nuestra fantasía, no la realidad.

Es preferible aceptar esto y no emprender una lucha por cambiar al otro, que seguramente, no va a ser exitosa o beneficiosa para ninguna de las dos partes.


Estos mitos que Lazarus plantea, pueden servirnos para reflexionar  y ver si nos manejamos con alguno de ellos, para ser conscientes que podemos estar cometiendo un error y así, corregirlo a tiempo.


Ps. Silvia Cardozo

Terapeuta Cognitivo Conductual
Email: ensil@adinet.com.uy

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