Inicio Contacto Suscribirse

Seguinos en:

Home / Familia y Hogar / Pareja e hijos en familias ensambladas

Pareja e hijos en familias ensambladas

Pareja e hijos en familias ensambladas
Cuando luego de una separación, una persona decide volver a estar en pareja o más aún, convivir o casarse, suelen aparecer tensiones si alguna de las partes tiene hijos.

En general, los hijos tienden a tener la fantasía de que sus padres van a volver a estar juntos en algún momento. Y esa persona que ahora entra en la vida de su papá o mamá, puede ser vista como un obstáculo para el cumplimiento de dicho deseo.

Cuando los adultos, llevados por el enamoramiento, apuran este proceso, puede resultar dificultosa la integración de todos como una nueva familia. Lo ideal, es que sus hijos hayan tenido tiempo de aceptar la separación, hacer el duelo, despejar sus dudas, la oportunidad de ver que sus padres están mejor separados que juntos, y que ellos van a seguir siendo siempre sus hijos y que nadie les va a robar su cariño. Cuando logran llegar a esto, es cuando pueden estar mejor preparados para la llegada de otra persona en la vida de su progenitor.

Pero no siempre esta nueva situación puede respetar estos tiempos y a veces, surgen conflictos que se tornan difíciles de manejar para todos.

Sobrellevando la situación

Esta nueva persona que está ahora en la vida de su progenitor, puede ser vista como alguien que le saca su atención y cariño, más aún si la separación no se realizó en buenos términos y el niño escucha mensajes negativos al respecto de la otra parte.

Lo más importante es que ambos padres traten de colaborar en esta situación y priorizar el bienestar de sus hijos, por encima de cualquier rencor que pueda aún existir entre ellos. Bastante mala prensa tienen en los cuentos infantiles las madrastras y padrastros como para que suceda además, el tener que escuchar juicios negativos de alguno de sus progenitores. Es conveniente pensar que esa es la única forma de que el niño sufra menos y termine siendo beneficiado y no perjudicado, con este nuevo estilo de vida en familia.

En general, las personas adultas son las que tienen que estar claras en estos casos: darle a los chicos tiempo, saber que al principio pueden tener resistencia hacia la pareja de su papá o mamá y que no deben tomarlo como personal, sino que se debe al “lugar” que ocupan en la vida de sus padres y sus temores de perder su atención y cariño.

Cuando la nueva pareja tiene la suficiente madurez e inteligencia, tiende a dar esos tiempos sin ningún tipo de presión y en forma natural, sin exagerar en sentimientos que aún no se tienen, como puede ser demostrar un cariño desmedido que el niño percibe que no es real.

Los vínculos se van construyendo con el tiempo, el cariño también se va ganando. La paciencia es algo de lo que deberá armarse la nueva pareja, para poder manejar alguna situación negativa que pueda surgir por parte de los hijos. Y sobre todo, agudizar su capacidad de diálogo y resolución de problemas.
 
Es importante que esa nueva pareja hable mucho sobre cómo van a manejar determinadas situaciones con los niños. Vienen de familias distintas, con costumbres diferentes, que van a tener que negociar, para salir airosos en este nuevo emprendimiento de familia. 

Esto, especialmente cuando hay hijos de un progenitor que convive con ellos y otro(s) que viene(n) determinados días. Es importante que no haya diferencias entre ellos, para que no se generen conflictos.

Es beneficioso que los hijos pasen también algún tiempo a solas con su progenitor, más allá de las actividades de integración que puedan tener en el ámbito familiar con la nueva pareja, que suman mucho. Así, ese hijo siente que no perdió su confianza y su espacio con dicho progenitor, y que esta nueva familia puede ser vista como algo que le sume y no que le reste en su vida.

Los celos deben ser entendidos y manejados por los adultos: evitar ponerse en una postura infantil como a veces se da, en que las parejas cuestionan, al igual que los hijos, la atención y cariño que les dedican a la “otra parte” .

Hay que apostar a no estar enfrentados, sino del mismo lado. Saber que esa es la mejor forma que funcionen como pareja y familia. De las situaciones más negativas que pueden darse y que no terminan nunca en buen resultado, es cuando una de las partes se pone en una postura intransigente de este tipo y coloca al otro, en el lugar de tener que elegir. Nadie puede ser feliz de esta manera, teniendo que renunciar a quienes ama para poder estar con otra persona.

Por eso, cuando se empieza una pareja de estas características, hay que ser muy generoso y paciente en cuanto a estos vínculos con los hijos de cada uno. Requiere madurez emocional en ambas partes y tratar de no dejarse llevar por el apuro propio de los primeros tiempos. Ya pasaron por esta etapa antes con su primera pareja y tienen que poder aprovechar la experiencia a favor, así como la aprovecharán también en no repetir errores que cometieron antes.

Con una buena dosis de paciencia, generosidad y madurez, los adultos logran salir airosos y conformar esa nueva familia donde todos pueden ser beneficiados y sumar en sus vidas. 

Es una nueva modalidad, que cada vez se ve más y que no debe ser obstáculo para volver a apostar al amor y la vida en familia.


Ps. Silvia Cardozo - Terapeuta Cognitivo Conductual
E-mail : ensil@adinet.com.uy

Contenido relacionado

Comentarios (2)

Agregar un comentario

Comuna Mujer 11-09-2013

Gracias Felicia, por tu mensaje. Muy interesante lo que planteas: indudablemente nuestros hijos, son más "avanzados" en el sentido que ven todo de una forma más sencilla y sin tanta complicación.
Un beso grande y gracias por tu aporte.

Felicia Sosa 10-09-2013

Muy interesante este artículo. Y sí, en realidad lo que cuesta es el ensamble... creo que aprendemos de todos algo. Hasta nuestros hijos nos enseñan a los adultos y a la hora de tomar decisiones, son más prácticos que nosotros...

Mostrando: 2 de 2