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El camino hacia el orden

El camino hacia el orden

“El orden es producto de una organización mental, y lo primero que hay que hacer, es aprender a clasificar y a entender el sentido del orden.”
- Neva Milicic (psicóloga especialista en educación, estudió en Gales y ejerce la docencia en la Universidad Católica de Chile… colaboradora de numerosos medios y revistas, ha publicado varios ensayos, tanto académicos como divulgativos, sobre educación).

Hace poco leí un artículo en la web acerca de un experimento que realizó una madre canadiense, quien desbordada por el desorden de su prole, decidió hacer “huelga”, lo cual significó el caos en la organización de su casa y el malestar de toda su familia. En esa experiencia, la madre descubrió que sus hijos no habían integrado el concepto del orden y no tenían idea de lo que ello representaba en la vida de toda la familia; además, todos habían depositado en ella los roles de la limpieza.
 
El orden es un hábito y también una virtud, requiere de repeticiones… es un proceso que se va estructurando hasta convertirse en aprendizaje. El cerebro de los niños, mientras es más pequeño, está condicionado a percibir el mundo de acuerdo a cómo se lo mostramos los adultos y lo que observa del medio que lo rodea; es decir, parte de los modelos que recibe se dan a través de los padres y de la cotidianidad en que vive. Cada aprendizaje inicial, en los primeros años, se da por modelismo.
 
En la actualidad, gracias a la neurociencia, sabemos que las neuronas espejo son las que gobiernan nuestros actos: un niño observa lo que hacen los adultos y por imitación, aprende lo que le estamos mostrando… lo reproduce y asimila. Gracias a ese mecanismo, va integrando automáticamente la comprensión del por qué realiza tal o cual acto.
 
Buena parte de las herencias culturales ancestrales que recibimos las mujeres, lo percibimos en la infancia, también por imitación y lo reproducimos en la adultez, como son los roles del cuidado y organización del hogar; así, nosotras hemos asumido el estilo de alimentación, los horarios de las actividades, la limpieza y orden, y los desarrollamos naturalmente cuando llegamos a tener nuestro propio círculo familiar.
 
Estamos cerca de las vacaciones de primavera y no tan lejos de la finalización del año calendario: todos ellos preámbulos que pueden servir como motivación, para hacer caer en cuenta a los “peques” que, así como la naturaleza y el calendario tienen una determinada secuencia, a los seres humanos también nos toca realizar la organización de las cosas que nos rodean, para que nos facilite la convivencia personal y con los demás.
 

Darnos cuenta del cómo queremos que nos perciban los niños, del cómo perciben sus espacios y qué función de colaboración les toca a ellos asumir en el caos cotidiano, es lo que dependerá de nosotros, los adultos, a través del modelismo, de la organización de los espacios y las cosas, de las asiduas repeticiones para crear el hábito de la recolección, de las constantes charlas reflexivas, de las respuestas a los por qué cada cosa tiene un lugar, de la vigilancia y seguimiento para clasificar de acuerdo al uso de las cosas: las que usamos a diario, las que hay que desechar… saber ubicarlas de acuerdo a su utilidad, buscando sitios estratégicos y a su alcance; que puedan tener fácil acceso a los objetos de uso cotidiano ubicándolos en sitios visibles y que también ayuden a mantener el recuerdo cercano de en dónde se pusieron… ayudarlos a distribuir los objetos de acuerdo al uso-espacio: aquellos que pertenecen al baño, al rincón de juegos, al clóset, al dormitorio y, de esa manera, iniciar el camino para ayudarlos a entender el sentido del orden.
 
El camino de la estructuración mental hacia el orden, es un proceso y requiere inversión de tiempo. Lo interesante y estimulante, es el entusiasmo y la emotividad que tengamos los adultos para hablar, mostrar y ejemplarizar el cómo conseguirlo. Para ello necesitamos ser ingeniosos, constantes, mantener la coherencia, contagiando a los "peques" de nuestras intenciones y esperando las respuestas que queremos, recordando que el mejor estímulo es la conexión de amor, paciencia, acompañamiento y espera que tengamos con ellos.
 

Guadalupe Orellana

“Ecuatoriana, Psicóloga Educacional de profesión, esposa, madre y abuela. He tenido la oportunidad de desarrollarme en distintas culturas: Francia, EE.UU., Bolivia, Perú, Ecuador y ahora, Chile. Me siento muy contenta de vivir en Chile. Sobreviví el terremoto del 27/02, a los pocos meses de haber llegado y percibí la vulnerabilidad humana frente a la madre natura. Eso me ha permitido sentirme un miembro más, apegado y solidario, de la comunidad chilena.”


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