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Enfrentando el miedo

Enfrentando el miedo

Quizás una de las emociones que más inunda nuestro ser (tanto física, como psicológicamente), es la experimentación del miedo. El miedo, en una primera instancia, tiene una función protectora frente a riesgos donde se vea amenazada nuestra sobrevivencia; pero en situaciones donde existe más un miedo psicológico que físico, es muy importante examinar su causa y tratar de vencerlo paulatinamente, con decisión y fuerza. 

El experimentar miedo, puede tener un sin fin de matices: como el miedo a tomar decisiones, a tomar un riesgo frente a algo, a romper algún esquema de vida establecido... en general, los seres humanos lo experimentamos, frente a cualquier cambio donde no podamos controlar sus efectos y consecuencias. 

Este tipo de miedo, donde no podemos controlar todas las situaciones, lo sentimos todas las personas y en muchos momentos de nuestras vidas; expresándose en diferentes grados e intensidades, que van desde una sensación ansiosa, hasta un pánico paralizador que impide cualquier cambio conductual. 

Cualquiera sea el grado de intensidad con que estamos viviendo una situación atemorizante, es importante tener claro que el miedo sólo se vence enfrentándolo. No existe otra forma. El enfrentar las razones o las causas de mis miedos, es una decisión voluntaria, intensa, que implica ir lentamente matando los fantasmas que llevamos dentro... que nos hacen huir o mal protegernos de aquello que sentimos amenazante. 

Para vencer el miedo, requerimos confiar en nuestra fuerza y en nosotros mismos, como seres fuertes y dispuestos a tomar los riesgos que la vida nos trae, y enfrentarlos con valentía y perseverancia.

Hay una frase muy sabia en este sentido, que expresa: "solo teme no avanzar"... el miedo es como una aspiradora en funcionamiento, que siempre chupa hacia atrás: nunca hacia adelante. Nunca el miedo nos va hacer progresar, ser mejores personas... no va a permitirnos crecer y hacernos caminar hacia una plenitud profunda sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida en general. 

Otro punto que nos ayudaría mucho a vencer nuestros temores, es tener la posibilidad de compartirlos con alguien; ya que de esta forma, "se diluyen" con el diálogo y se encuentra en el otro, formas de enfrentarlos de manera paulatina, pero decidida.

Temores y miedos tenemos muchos y a cada rato. Experimentamos miedos a enfrentar situaciones nuevas, miedo a arriesgar situaciones económicas, miedo a perder la salud, miedo a amar para no sufrir, miedo a ser felices, miedo a tomar decisiones por el dolor que eso puede generar en nosotros o en otras personas, miedo al rechazo de otros, miedo a cosas concretas como aviones, temblores o a la oscuridad. 

Todos estos miedos y muchos más que no alcanzamos a describir, son nuestras resistencias internas para no evolucionar, para no confiar en nosotros mismos y en la vida... como una fuente de energía, que nos muestra que en la medida que vencemos nuestras inhibiciones, vamos siendo mejores seres humanos. 

Es importante mencionar que el desarrollo de los temores, está presente en forma normal desde que nacemos, como una protección a nuestras vidas. Psicológicamente alrededor de los cuatro años, se consolidan los primeros temores nocturnos y de ahí a poco hacia la adultez, los miedos van siendo cada vez más "psicológicos" e inhibidores de nuestro desarrollo. 

Hagamos un "viaje" hacia nuestros miedos: no temamos a mirarlos y descubrirlos, y analicemos frente a qué nos protegen o cuál es el freno o el dolor que nos quieren evitar.

Cuando los reconozcamos, se debe hacer un programa de enfrentamiento con acción concreta, buscando alguien con quién compartirlos, para que diminuyan esos fantasmas a los que nos referíamos. ¡Hay que decidirse a actuar!

Acuérdense que el miedo se vence enfrentándolo y que en la vida, "vence el que se vence a sí mismo".  


Pilar Sordo
www.pilarsordo.cl

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