Creer que es responsabilidad del otro, hacernos felices
Cuando la vemos de esa forma tan simbiótica, es cuando surgen los problemas... porque quien demanda tanto, siempre se va a sentir frustrado; y quien es demandado, se siente ahogado, asfixiado por las demandas excesivas de la otra persona.
Elegimos una persona, en base a los sentimientos que tenemos con ella y entonces, queremos compartir un proyecto de vida (si es alguien que vemos con perspectivas de futuro)... pero eso no nos hace ni sus dueños, ni sus esclavos.
Hay que apuntar al crecimiento personal y a no depender del otro. El compartir un proyecto de vida, no es dejar las metas que son individuales, ni el crecimiento personal. Es crecer cada uno y también, en la pareja... son ambas cosas. Y eso es lo que nos hace felices, no el otro.
Cuando se pierde esta perspectiva y se deposita todo en el otro, es cuando estamos actuando en forma equivocada y terminamos estropeando la relación.
Pensar que siempre tenemos que estar de acuerdo en todo... si no, es señal de que no somos compatibles
Partimos de la base de que venimos de hogares diferentes, de una educación distinta, vivencias, experiencias personales, etc., que nos condicionaron a pensar y comportarnos como lo hacemos: el pensar distinto es parte del ser humano y obviamente, de las parejas. Esto no debería ser un motivo por el cual se piense que no se es compatible con otra persona, a menos que esas diferencias sean tan categóricas o definan tanto la vida de cada uno, que se vuelvan innegociables con el otro.
Lo importante es ver cuánto se puede ceder de cada parte, para que, en aquellos aspectos en los que la pareja difiera, estén contemplados los intereses de ambos. Eso en el caso de que tengan que tomar decisiones respecto a algo, si no, simplemente alcanza con respetar que se puede pensar distinto.
Es diferente cuando ya entramos en terrenos de personalidad y no de opiniones: ahí es muy distinto, porque ya abarca rasgos mucho más rígidos en las personas y que no podemos pretender cambiar ni negociar, porque estaríamos en un error. Es en esos casos, cuando las personas pueden ser verdaderamente incompatibles... pero no solo se es incompatible por pensar distinto: pensar distinto, se resuelve con buena comunicación.
No tener capacidad de negociación
Saber negociar es fundamental. Relacionado con el punto anterior, cuando surgen diferencias en las parejas, es importante el poder ponerse de acuerdo y no querer tener siempre la razón. Hablamos en consulta con mis pacientes, que tener la razón es casi lo menos importante, porque siempre hay diferentes razones o formas de ver una misma cosa o hecho.
Lo importante es ver cómo van a acercar posiciones en cuanto a esos temas. Tener en cuenta que no siempre las negociaciones son un 50% de cada lado: a veces pueden ser un 60 y un 40... o un 30 y 70. Sí que de alguna forma estén contemplados en el acuerdo al que arriben, los intereses de ambos... y que eso es dinámico: hoy cede más uno, mañana el otro.
Siempre me gusta recordarles, que cuando se dirijan al otro, lo hagan en términos de conducta y no haciendo juicios sobre su persona. Por ejemplo, no decir cosas como: "eres poco compañero" o "eres egoísta", cuando en verdad, lo que quieren decir es que les gustaría que las acompañen cuando hacen las compras o que saque la bolsa de basura, etc.
Esto evita realizar juicios generales que pueden ofender al otro y que siempre, la otra persona va a defenderse de ellos argumentando a su favor, ya que son conceptos muy amplios. En cambio, es mucho más fácil identificar las conductas cuando son concretas y no sentirse ofendido. De esta forma, será más fácil de entender y poder negociar el pedido.
Dejar que la rutina y la excesiva seguridad, nos hagan descuidar nuestra pareja
Es frecuente que en la etapa de conquista, hagamos lo posible por mantener enamorada nuestra pareja: la llenemos de atenciones, de mimos, cuidados, etc.; pero luego de terminada esta etapa, cuando consideramos que ya está conquistada, dejamos de comportarnos de esa forma... como si la pareja viniera con seguro de permanencia.
Y empezamos a caer en rutinas que no son buenas en la pareja. No tenemos atenciones hacia el otro, ya no nos preocupamos por agradarle, y/o nos comportamos siempre de la misma manera, sin ningún tipo de variaciones. Cuando ya se sabe qué cosa viene después de la otra y pasamos a hacer de nuestra vida una rutina invariable, hasta nos exponemos a que nuestro vínculo se debilite o no se alimente de manera adecuada... y que sea más fácil quedar expuestos a que otra persona pueda querer ocupar nuestro lugar. De esta forma, tanto nuestra pareja como nosotros mismos, quedaremos más vulnerables respecto al interés de otras personas.
¿Por qué esto? Porque la otra persona va a desplegar el repertorio de conquista que nosotros dejamos hace tiempo, por pensar que ya estaba conquistada la pareja; o sea, cuando empezamos a actuar como un cazador con su presa: una vez que la cazó, ya la tiene asegurada.
Invadir reiteradamente sus espacios
Hay parejas muy controladoras, que invaden permanentemente los espacios del otro: desde revisar su celular, redes sociales, mails, etc., hasta controlar las horas o lugares donde se reúne con sus amigos o a qué hora llega, etc., pensando que, con este control, va a evitar que su pareja le engañe... o tratando de que esté más pendiente de ella. Se vuelven obsesivos con este tema. Esto genera una reacción opuesta a lo que se busca: el otro tiende a alejarse cada vez más, porque se siente verdaderamente invadido... que su vida es un permanente tener que rendir cuentas sobre todo, sin tener espacios propios y esto termina alejando a la pareja.
También hay personas que quieren realizar absolutamente todas sus actividades con su pareja y no dan respiro. Si bien está bien compartir actividades y tener proyectos en común como pareja, también es bueno que cada integrante tenga sus ámbitos propios. Es una forma de no sentirse invadido en sus espacios y poder crecer individualmente, además de en pareja.
Pensar que hay que contarse absolutamente todo, como si fuesen los mejores amigos
A veces se cae en un exceso de confianza, respecto a las cosas que se cuentan en una pareja. Hay un autor (A. Lazarus), que plantea que las parejas se cuenten de la A a la W... que X, Y y Z, son de cada uno.
¿Qué cosas son X, Y y Z? Aquellas que no suman cuando se cuentan... que no aportan a la pareja, sino lo contrario. Si soñaste con otra persona y sabes que a tu pareja le va a molestar, no se lo digas. Si tu pareja es celosa y una chica te miró en un semáforo, no hay necesidad de hacérselo saber. Hablar mucho de tus ex, tampoco es de buen gusto y menos, hacer comparaciones. En general, son cosas que no suman en una relación. Ese tipo de cosas, son las que hablas con tu mejor amiga o amigo... no con tu pareja.
Querer cambiar al otro
Cuando conoces al alguien, te vas a ir dando cuenta si lo aceptas o no... pero no pretendas cambiarlo y que se transforme en una persona que no es. Es lo que conociste: lo tomas o lo dejas. Si es alguien casero y poco salidor, es un error pretender que se transforme en el “rey de la noche”. O si es un fanático del fútbol, no puedes pretender que abandone su afición, debido a ti.
Muchas veces se cae en el error de querer cambiar las personas, para que se adapten a nuestros gustos, necesidades o formas de ser: le estamos queriendo quitar su esencia. Por más que la otra persona nos pueda querer y tratar de complacernos, no va a poder sostener mucho tiempo eso que va en contra de sí mismo. Además de no sentirse aceptado como es, no lo hace feliz tener que sacrificarse de esa forma. Lo mismo si alguien pretende cambiarte a ti: siempre eso es un error que lleva a muchas frustraciones en la pareja.
Así que para que te sea más fácil recordar, te resumo los detonantes, para que los evites:
- Creer que es responsabilidad del otro, hacernos felices.
- Pensar que siempre tenemos que estar de acuerdo en todo; si no, es señal de que no somos compatibles.
- No tener capacidad de negociación.
- Dejar que la rutina y la excesiva seguridad, nos hagan descuidar nuestra pareja.
- Invadir reiteradamente sus espacios.
- Pensar que hay que contarse absolutamente todo, como si fuesen los mejores amigos.
- Querer cambiar al otro.
Ps. Silvia Cardozo
Terapeuta Cognitivo Conductual
Mail: ensil@adinet.com.uy