
“Había una vez....” Los mitos son creencias irracionales que no se saben de dónde vienen, pero que se afirman como si fueran totalmente ciertas. Por lo general, tienen forma de relatos fabulosos, que pueden llegar a ser tan creíbles que nadie se anima a refutar.
La sexualidad, sobre todo la femenina, es un campo propicio para este tipo de cuestión. Se han escrito muchos libros aclarando los mismos y creemos que vale la pena conversar y aclarar algunos de ellos.
Basándonos en el libro de la sexóloga María Luisa Lerer, argentina, es que vamos a dedicarnos hoy a los mitos sobre el deseo femenino. Nada más vulnerable, para que a veces mentes machistas masculinas y lamentablemente también femeninas, afirmen con total desparpajo sin tener la mas mínima noción.
Introduzcámonos entonces, en algunos de ellos; los más populares, por supuesto.
Nada más incierto. Es que la sociedad machista se ha encargado de “meternos en la cabeza” que el hombre tiene más necesidad sexual que la mujer y que siempre está listo. Algo así como el “síndrome del boy-scout: “siempre pronto”"... ¿por qué? ¿es que no puede dolerles la cabeza? ¿no pueden decir que no? o ¿es de menos hombre?
Por otro lado, parece que a la mujer ¡si puede dolerle la cabeza! Y tiene menos deseos sexuales que el varón. Nada más falso. Es que ha sido enseñada así y esto ha llevado a muchas mujeres a reprimir sus deseos, por miedo a ser consideradas poco femeninas o incluso, degeneradas.
Y lamentablemente, en este siglo XXI, este mito sigue totalmente vigente.
Los cuerpos de los dos sexos están diseñados para disfrutar. No malogremos lo que puede ser un potencial erótico importantísimo, como lo es el deseo sexual; con la misma intensidad en mujeres y varones.
Por lo general, se considera a las recientes mamás como casi asexuadas. “Madre hay una sola”... parecería que una madre, no debe aparecer como “sexualizada”.
Pero la cuestión, es que en tanto no haya contraindicaciones, se puede mantener una vida sexual activa durante el embarazo.
Lo que sí cabría aclarar, es que distintas investigaciones muestran que en los primeros tres meses del mismo, hay una pequeña disminución del deseo; pero luego, esto pasa e incluso puede tender a aumentar, sobre todo en el segundo trimestre.
Durante mucho tiempo, la mujer fue sometida al varón en todos los terrenos y aquí tenemos también la sexualidad. Si el varón quería tener relaciones sexuales, o bien penetrarla simplemente, ella debía decir que sí ¡sin protestar! Incluso en algunos estratos de América Latina (e incluso también en el nuestro), se ha llegado a la violencia sexual por la negativa de la mujer.
Muchas veces se acusa a la mujer (usando esto como táctica), que si no desea hacer el amor, la mujer es una frígida o una reprimida. Nada más injusto; los derechos humanos femeninos, fueron muy bien marcados durante la famosa revolución sexual de los años sesenta.
De todas formas “la única revolución sexual posible para las mujeres, es aquella que concede libertad para no hacer lo que no se desea; así como para disfrutar y pedir lo que sí se desea”.
Acá se pone en juego la doble moral: "vista gorda" para los varones y límites para las mujeres. Pues bien, de la misma forma, en lo que tiene que ver con la edad, los permisos no son iguales para ambos sexos.
Desde hace muchísimo tiempo, se aprueba que la diferencia de edad en una pareja deba favorecer al varón. Está claro: una mujer madura no es bien vista con un varón joven. Es que se valoriza la belleza y la juventud en la mujer y se desprecia su madurez.
Mientras que el varón, a cualquier edad, parece que puede ser interesante, distinguido y atractivo.
Por suerte, de a poco, las mujeres de cierta edad se están empezando a animar a hacerle frente a las críticas y si la vida se los ofrece, gozan del presente sin pedir garantías de duración (que por supuesto, nadie las tiene).
Muchos hombres todavía sienten cierta incertidumbre al visitar a una mujer sola y también, muchas mujeres se sienten tentadas a invitar a un amigo, pero temen que pueda encontrar una segunda intención.
Y es que, lamentablemente, corre por nuestro país el “por algo será” y el “no desaproveches la ocasión”. Y así, preferimos la incomodidad de un bar, a la comodidad de la casa.
Pero es importante recordar, que nada que sea por obligación va a dar buenos frutos.
Gabriela Michoelsson (Sicóloga-Sexóloga)
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