Cuando somos adolescentes, con toda la idiosincrasia que ésta conlleva; no logramos valorar en toda su magnitud, no sólo los consejos sino también, las acciones de un padre.
A veces lo tildamos hasta de exagerado... me pasó ya de mayor de edad, de sentirme controlada.
Voy a compartir con ustedes, una anécdota...
Algunas veces que llegaba del trabajo e iba a sacar la ropa de la cuerda, porque llovía o porque el rocío las podía mojar, me encontraba con que él ya se había adelantado y las había sacado, a su manera: con los palillos pegados a algunas prendas... o semi húmedas, de diferentes colores con el tatuaje de unas en otras, del desteñido correspondiente.
¡Eso me enojaba tanto!...
Hoy comprendo cuán equivocada, necia y otros muchos adjetivos me merecí... que esas pequeñas acciones no eran por intromisión o invasión a mis espacios o a mis cosas; sino por el contrario: eran detalles maravillosos... pensar en el otro, colaborar, brindar una fracción de un tiempo escaso, entre sus tareas diarias y más que eso: un detalle de amor para mí... su hija.
Por eso y otras cosas que forman parte de las vivencias de cada ser humano, frente a situaciones similares: recapacitar a tiempo, agradecer y atesorar a ese ser humano que merece todo nuestro amor y reconocimiento... que algunas veces pasa inadvertida esa pequeña acción.
María Julia Torres"Dedicado a todos los padres".
¿Cuáles son tus mejores recuerdos de tu infancia?