Quienes publican en este espacio encuentran en él un lugar donde dar a conocer y compartir sus producciones literarias; un lugar donde darle expresión a la riqueza de su universo interno.
El amor no hace daño, no lastima, no duele. El amor cura, el amor repara. El amor no te ata, te libera, fluye te permite ser y sentir. El amor perdura en el tiempo y el espacio y llena de luz a quienes vibran en él, llega a los lugares más oscuros de tu alma iluminándola.
La vida está llena de pequeñas alegrías que muchas veces nos pasan desapercibidas, precisamente porque las expectativas que nos hemos creado, hacen que no las veamos. Nos fijamos una meta, nos centramos en lo que queremos conseguir y nos perdemos todas las cosas maravillosas que ocurren por el camino.
Me encanta esta reflexión. Cuando las cosas se complican, siempre lo pienso: «Isa, ningún mar en calma, hizo experto a un marinero»... y me digo: «vamos allá, algo aprenderemos de esto». Y así es.
Se dice que para ser felices se necesitan tres cosas: algo que hacer, alguien a quien amar y algo en lo que creer. Los dos primeros puntos parecen fáciles de poner en práctica, sin embargo el tercero no siempre se nos da fácil.
A veces, a la hora de llevar algo a cabo, somos nosotros mismos nuestros propios enemigos: «no voy a poder», «no me va a salir»… pero otras veces, son otras personas o la propia sociedad en la que vivimos, la que nos envía ese mensaje: «no lo hagas», «las cosas están muy mal», «no es el momento».
La sabiduría utiliza el lenguaje de la forma, de la naturaleza, para la transmisión de conocimientos. De la observación del momento presente, se extraen diferentes enseñanzas y pensamientos.
Se sabe que con tan sólo seis segundos que dure un abrazo, nuestro cerebro ya percibe su beneficio. ¿Cuántos abrazos das al día? ¿Los suficientes para sobrevivir, para mantenerte o para crecer?
El costo del pasaje, es el tiempo. Es decidirse a invertir entre veinte y treinta minutos al día. Sin importar el lugar, a diferencia de otros medios de transporte, después de sacar tu pasaje, no hay retraso ni demora.
Por la vida voy andando, caminando despacito, me detengo en las esquinas
para ver el infinito; de repente se aparecen a mi paso varias calles, no distingo a dónde voy,
se cambiaron las señales.