Fluye con la vida… permite que suceda el cambio, permítete ver la vida con los ojos del corazón. El amor, la compasión, las certezas del alma, se convertirán en la norma de la nueva conciencia que ahora está amaneciendo.
La ansiedad afecta en todos los órdenes de la vida, no solamente en los vínculos... por ejemplo, cuando la canalizamos comiendo en forma excesiva... o cuando nos deja en blanco frente a un examen y lo perdemos... o cuando no nos animamos a hablar en público o nos limita en algún sentido importante de nuestra vida. Siempre que pierda su fin adaptativo, que es prepararnos para enfrentar una situación de peligro real, está siendo desadaptativa.
Finalmente está cerca. ¿Qué está cerca? ¿El fin? ¿El principio? ¿De qué? Recuerda también, que pasar el año, no es pasar un examen. Puedes tomar un cuaderno y anotar qué cosas deseas hacer para el año que viene.
Somos conscientes de que uno de los valores más importantes para alcanzar la ansiada plenitud psicológica, es el ser capaces de creer en nosotros mismos.
Todos hemos pasado alguna vez por esa sensación muy incómoda de sentir y decir: “no, esto no me puede estar pasando”, "de seguro que estoy soñando y voy a despertar"… sin embargo, después de la “pataleta”, debemos cerrar nuestros ojos, escuchar nuestra sabiduría interna y simplemente, aceptar.
Conviene elaborar estos derechos tecnológicos y hacer valer nuestros deseos. Empecinarnos en cumplir las expectativas de los demás, acaba por agotarnos, intoxicarnos y mermar nuestra identidad.
Es desde allí desde donde esta carta surge: por personas que han pasado por situaciones como estas, desde ese lugar. Es para quienes sientan que resuena en su corazón, se sientan abiertos a recibirla y puedan utilizarla para sanar, para sanarse, para estar en paz... perdonar y perdonarse... y así, continuar la vida desde otro lugar.
En casi todos los lugares públicos de las ciudades en el mundo, se ha vuelto constante la misma escena: la gente no se mira entre sí, ni habla entre sí. Todos están con los ojos y la atención puestos en el teléfono móvil, que llevan en la mano: pareciera como si siempre estuvieran inmersos en una comunicación impostergable… tanto, que toda su atención está centrada en ella.
Cada uno a nuestra manera, todos tratamos de encontrar la felicidad. Sin embargo, en esa búsqueda, muchas veces nos desviamos y olvidamos lo que realmente nos hace sentir bien. Así, hacemos cosas que creemos que debemos hacer pero que deliberadamente nos privan de esa felicidad, aunque no siempre seamos conscientes de ello.